APUNTAMIENTOS SOBRE LA RABBIA DE PIER PAOLO
"Han dicho que tengo tres ídolos: Cristo, Marx y Freud. En realidad mi único ídolo es la Realidad. Si he elegido ser cineasta al mismo tiempo que escritor, se debe al hecho de que en lugar de expresar esta Realidad a través de esos símbolos que son las palabras, he preferido el cine como medio de expresión: expresar la Realidad a través de la Realidad" – Pier Paolo Pasolini.
“La fuerza está en la virilidad, como en otros tiempos
Pero la amabilidad se ha perdido” – Manifestar (Apuntes) – Pier Paolo Pasolini.
Este texto se desarrolló en torno de otros muchos textos que tratan del cine de Pasolini y del concepto tan actual que es el de cine-ensayo. En este sentido pongo en el fin las referencias que utilicé y no puedo dejar de mencionar la influencia que tuvo el libro “Pier Paolo Pasolini” de Silvestre Mariniello y de los textos compilados por Antonio Wenrichter en do libros extraordinarios, “La forma que piensa – Tentativas en torno al cine-ensayo” y “Mystère Marker – Pasajes en la obra de Chris Marker”. Por lo tanto, tratase de un ensayo que hace referencias a otros ensayos para hablar de una peli-ensayo que se utiliza de imágenes de otras pelis.
El cine italiano y la guerra
El surgimiento del neorrealismo está directamente vinculado al hecho de haber sido Italia el primer país a perder la guerra. La liberación no fue una simple vuelta a la normalidad, como quizá haya sido en Paris, pero una transformación total de la sociedad. André Bazin escribe, en 1948, que “Italia tiene apenas, en este sentido, 3 años”. Los partidos comunista y demócrata-cristiano se unieran para reconstruir la península por sobre las ruinas, mientras la cultura norte-americana fue inyectada a través del plan Marshall. Las películas de la época reflexionaban una situación desesperada, una mezcla de aceptación del estado nuevo de las cosas con una visión llena de un humanismo revolucionario – pelis y cineasta que abolían la división entre las ciencias sociales, la crítica, y la producción cinematográfica (entre escritura y cine) –, variando entre pelis que no ofrecían solución (como Alemania año cero y Umberto D) y pelis que apuntaban para una posible transformación de la realidad, normalmente fracasada (La Terra Trema y Ladrón de bicicletas).
Existe también la oposición entre compasión y revuelta. Películas como Ladrón de bicicleta van en el sentido opuesto a Terra Trema. Antonioni declaró que hacía neorrealismo, pero sin bicicleta, queriendo decir que no iba en el camino de De Sicca, con sus pelis cristianas, hechas para llorar, que aportaban una institucionalización precoz del neorrealismo. Durante la reconstrucción de Italia, la producción cinematográfica dependía mucho de filiaciones con el partido comunista y con el demócrata-cristiano – lo que ya habla mucho de la ideología pulsante en estas pelis –, sin hablar de películas financiadas por ambos los partidos (como es el caso concreto de Roma, ciudad abierta).
Por lo tanto, como dice nuevamente Bazin, “el cine italiano se caracteriza, sobretodo, por su adhesión a la actualidad”. Un cine de rasgo político o sociológico, que no presentaba, de hecho, una solución para la realidad del posguerra – por el contrario, adhería a esta nueva orden, poniendo en escena personajes a deriva, sin moral (sin juicio de valor), viviendo de la manera que la vida posibilita, o hasta desistiendo de vivir en un mundo desecho.
Y La Rabbia (Pasolini, 1963) es una síntesis ambigua de todas estas características. Pues Pasolini siempre mezcló poesía y ideología, cristianismo telúrico y crónica cotidiana, compasión y revuelta, sincronía alegórica y diacronía histórica. Su visión de mundo no puede ser delimitada en ningún encaje, tratando de un proceso sin intervalo, un signo del caos que solo pudo tener un sentido cerrado con su muerte (muerte esta que solo expandió la multiplicidad de Pasolinis posibles). Un proceso de pura actualización.
La Rabbia, la única película de Pasolini enteramente hecha con imágenes de archivo, se divide en dos partes: primero, la de Pasolini, extremamente critica y radical, y la segunda de Giovannino Guareschi, inserida por el productor (Ferranti) para contrabalancear el “criticismo pasoliniano”. La peli fue un fracaso de critica y de publico en su época, hoy siendo redescubierta. Este año la relanzaran con cuatro partes adicionales: una introducción del film y de su historia; una reconstrucción de lo que habría sido el deseo inicial de Pasolini, utilizándose de manuscritos y de imágenes de archivo; una pequeña obra musical que evidencia lo cuanto difamaban Pasolini en la época; y, por fin, dos trozos de entrevistas suyas – cuando habla de porque siempre lo atacan en Italia y, después, cuando realiza una análisis de la “rabia”, de la rebeldía en Italia y en Estados Unidos.
Con relación a la parte adicional más importante (hablo de la parte que se utiliza de imágenes de archivo y que intenta reconstruir el deseo inicial de Pasolini con relación al film), el principal problema esta en la voz over que lee el texto pasoliniano. Al contrario de la voz de Pier Paolo, esta evidencia toda una esterilidad emotiva, produciendo no una repetición poética y hipnótica, una repetición que hace las palabras todavía mas potentes – como en la película original –, pero una repetición vacía de sentido. De la misma manera, la edición del material de archivo, tratado a través de la tecnología digital – con cortes demasiado perfectos (se utilizando hasta mismo de una fusión, lo que Pasolini siempre intentó evitar), produce aquí una transparencia de las imágenes, mientras Pasolini siempre estuvo preocupado con una presentación opaca y bruta de la realidad al espectador. Pues si Pasolini constantemente habla de una esterilización de las emociones, de una modernidad niveladora – sintiendo la muerte del sujeto, la fragmentación de objeto, y la perdida de sentido –, podríamos decir, entonces, que la reconstrucción contemporánea de La Rabbia, surge encajada justamente en este engranaje que tanto Pasolini critica, un film que surge de un engaño, de una sociedad homogénea a que tanto Pasolini se refería como siendo la sociedad del futuro. Un film limpio, como agua con azúcar, y no un filme duro, emotivo, como la obra de Pasolini.
Una vez más este acto de borrar las huellas del tiempo, esta plástica que esconde las ruinas, algo que parece surgir del problema esencial de las imágenes electrónicas, que deshacen la propiedad de la imagen cinematográfica como índice de la realidad. Pero esto es otro texto. Este tratará apenas de la parte de La Rabbia realizada por Pasolini, la más potente y radical, funcionando ella de manera independiente de las otras sin necesidad de comparación. Por otro lado, no se trata de una análisis fílmica, pero de un ensayo libre que se utiliza de una película especifica para expandirse en un texto sobre el cine-ensayo en general.
Cine-ensayo: La Rabbia y el acto de presentificación
La Rabbia se utiliza de materiales de noticieros de cine – del cineperiodico MONDO LIBERO – para construir un ensayo sobre las guerras del posguerra. Las imágenes no poseen más de diez años con relación al tiempo de producción de la peli, de manera que se produce una extrañamiento debido a la apariencia de pasado que tienen las imágenes extremamente actuales para la época. Parece, por lo tanto, que el aceleramiento de los procesos históricos hacen con que la política no sea más que una historia del presente y viceversa.
La actualidad de la película debe haber sido chocante para la época de su proyección. Todavía no existía el bombardeo televisivo de imágenes en vivo, de manera que La Rabbia es algo más intenso de lo que seria si hoy en día hicieran un largometraje con imágenes de archivo sobre el odio palestino. Los acontecimientos en Hungría, en Congo, Egipto, Argelia, estaban vivos en la boca de la intelectualidad. El tema en pauta era el anticolonialismo.
Por otro lado, por ser tan política, parece que la película pierde en historia. Hago referencia a la diferencia entre un ensayo sobre hechos actuales, todavía calientes, y una análisis histórica que hace uso del distanciamiento temporal entre el material filmado y su manipulación en la isla de edición. En este sentido podríamos decir que este intervalo, en La Rabbia, existe, pero poco si comparado con filmes como Le fond de l’air est rouge de Chris Marker, o con Respite de Harun Farocki (ambos hechos con imágenes de archivo). En la realidad esta es una cuestión todavía mas profunda, porque si el ensayo es una mezcla de una acto de “presentificación” – una acción de inmanencia, de una consciencia que permanentemente se exterioriza, se hace visible a través de lo que oímos (como veremos más adelante) – con una análisis mnemotécnica, esta película estaría más para una estructura dinámica actualizante que para una forma más analítica del ensayo. Basta con comparar la visión que este film propone de la descolonización africana (extremamente alegórica y contemporánea a la vez), con la parte de Le fond de l’air est rouge en que Chris Marker comenta el plano de un campeón de equitación que más tarde se tornó un lugarteniente de Pinochet (y lo sabemos por la voz que habla “nunca sabemos lo que filmamos”). De un lado tenemos una visión total y contemporánea, del otro una visión fragmentaria y llena de recuerdos – sin que los cine-ensayos se dividan entre los dos, por el contra, es la suma.
El film hace una síntesis histórica de un proceso que tendría se intensificado con la Segunda Guerra Mundial, o sea, la velocidad del proceso civilizador, del desarrollo de un nuevo tipo de guerra, no apenas sanguinaria, pero también psicológica, que destruye las tradiciones y conexiones del hombre con la tierra. El capitalismo habiéndose tornado una especie de sistema creativo que engloba sus propias contracciones, produciendo un caos ordenador. Y por otro lado, la ausencia de rumbo de las izquierdas, lo que hace con que la masa revolucionaria aparezca en La Rabbia metamorfoseada en una masa perdida, destructiva, negativa, como “foule”, turba, al contrario de la masa positiva del cine soviético.
La televisión y el cine son vistos aquí también como arma. Arma de la burguesía y arma de la resistencia. La televisión asociada a la modernidad conservadora, y el cine de la poesía, al camino no consumista. Y si con la crisis que Hollywood enfrentaba en los años 50/60, el cine se hizo más independiente y rebelde, la tele, por el contrario, pasó a representar todavía más la voz de la burguesía. La Rabbia se utiliza de imágenes televisivas evidenciando el espacio vacío existente entre la ametralladora del entretenimiento y la ametralladora pensante del cine de resistencia.
Pasolini critica el formalismo de la pintura abstracta (ornamento de mansiones de ricos industriales en Italia) y la falsa realidad expresa con el realismo soviético, porque en los dos lados algo se ausenta – quizás la idea de una verdad mas profunda, quizás el posicionamiento critico, pero, principalmente, Pasolini hace referencia a la ausencia de la lucha de clases. Tanto en el realismo soviético pos-30 (que expresa toda una felicidad campesina), cuanto el abstraccionismo occidental, vemos la idea de que el futuro ya llegó, de que la historia se acabó. Como oposición, Pasolini propone una turbulenta visión alegórica del mundo, como podemos ver en este trozo de su voz over:
La realidad son estas formas
en la inmensidad del cielo.
Lucha de clases:
razón de todas las guerras,
formas sutiles de cáncer,
armas de la lucha de clases,
luz espantosa que domina el mundo,
rosa roedora de la guerra
sembrando la lucha de clases.
En una mezcla de dos caminos anteriormente opuestos (el de Brecht y el de Lukács), Pasolini y Glauber Rocha fueran lo dos cineastas que más acreditaran en un cine que tratara de un proceso histórico, pero que, al mismo tiempo, no fuera realista, pues ya consciente de la muerte del realismo y, principalmente, del realismo soviético. Pasolini siempre decía que hacía realismo, pero consciente de esta muerte, consciente de la diferencia de su realismo. Contra todos los formalismos y naturalismos, pues contra todo el congelamiento y fosilización del tiempo y de los procesos históricos, los dos cineastas más envolvimos con el tercer mundo como resistencia a la homogeneización consumista, escogieran un camino entre la representación (realista) y la distorsión (modernista) de la realidad. De allí viene la profusión, en sus pelis, de protagonistas enfermos, en trance, personajes con los cuales la cámara se identifica, dislocando y destorciendo la realidad. Personajes sin rumbo en un mundo que cambió, personajes extremamente responsables por sus hechos y, aun así, sin poder escoger, pues arrebatados del proceso historico, que los engloba y machaca como un gran molino (Edipo Rex y Tierra en Trance son los mayores ejemplos, hechos casi al mismo tiempo). En los años 60/70 fueran muy importantes, en este sentido, como proposición estético-política de algo entre el cine-verdad y la gran crisis de las representaciones, entre la desmitificación marxista y las leyendas del tercer mundo – algo que solo después de 68 podrá quedarse más claro (si Chris Marker, Godard, Jean-Pierre Gorin fueran hacia los grupos de cineastas marxistas, intelectualizándose aun más después del fracaso de 68, Pasolini y Glauber fueran siempre hacia el mito, hacia el inconsciente del tercer mundo, hacia un cine emotivo con los pies descalzos en la tierra).
En el medio termo, Pasolini termina por desarrollar algo nuevo. “Mi ambición era la de inventar un nuevo género: un film que fuera un ensayo poético-ideológico”. Un film apasionado y revoltoso al mismo tiempo, se identificando tanto con la figura de la madre, que sufre con la separación (pasión-poesía), cuanto con la figura del hijo, que se va a luchar en la guerra (ideología-critica).
Actualmente, con el cine digital, se habla mucho de cine-ensayo. Quizás la idea tenga empezado a desarrollarse con el famoso texto de Astruc, que habla de la “cámara-stylo” (cámara-pluma), soñando con un cine que se tornaría “un medio de escritura tan flexible y sutil como el del lenguaje escrito” (y se tornó, a través de las imágenes electrónicas). De cualquier manera, fue en la virada de los años 50 a los 60, con Lettre a Siberie, de Chris Marker, y La Rabbia, de Pasolini, que el género “cine-ensayo”, sin ninguna forma bien delineada (pues no genérico), empezó a desarrollarse sin nunca haber formado una tradición – sin poder tener, hasta hoy en día, una historia trazada con facilidad.
El ensayo es un texto que piensa mientras habla, un pensamiento que se hace mientras se desenrolla en la pantalla, como alguien que charla consigo mismo (Montaigne). En el cine-ensayo, a través de una voz over, de imágenes indirectas – hibridas –, y de la apropiación de materiales de archivo, se habla libremente de la y a través de la realidad, sin la necesidad de contar una historia, ni de documentar la realidad directamente, o asemejarse a un romance, pues aquí lo que más importa es el punto de vista del “yo cinematográfico” (y su memoria) contrapuesto a la memoria social (del “nosotros”, de la masa y de la opinión pública). No un documental, pero un “punto de vista documentado” (segundo Jean Vigo).
Un yo que habla “sobre” los acontecimientos externos a si mismo, pero que al mismo tiempo vivencia una identificación permanente, hablando “a través” de la realidad misma. Pues si la escritura está para el habla así como el cine esta para la realidad (Pasolini), el cine tiene la capacidad, entonces, de hablar del mundo a través de este mismo mundo hecho lengua. El cine y la fotografía no representan alguna cosa, como la pintura, pero hablan de ella a través de ella misma. Habla “de” y apunta “para” la cosa al mismo tiempo. “Apuntar” en los dos sentidos al mismo tiempo, en una permanente relación de identificación (fusión) y extrañamiento (individuación-diferenciación).
“La fotografía duplica la realidad, pero en esa duplicación, en el solo hecho de convertir en imagen material el flujo de la vida, convierte en símbolo esa realidad: la fotografía es un acto de pensamiento en si misma, y la proliferación de imágenes documentales promueven la necesidad de formalizar ese acto.” (Josep Maria Catalá).
Es curioso como Josep M. Catalá, en su formidable texto intitulado Las cenizas de Pasolini y el archivo que piensa, no se utiliza del concepto de “estructura dinámica”, tan importante para comprender el pensamiento de Pasolini. Tratase de algo entre el pensamiento y su representación, una especie de esbozo, de mapa que se hace mientras el terreno es recurrido. La bomba atómica, por ejemplo, epicentro de La Rabbia, surge muchas veces como forma abstracta (crisis de la representación), pero por otro lado, más intensamente realista, porque mezcla de una sistematización y representación de la realidad. Tratase de una estructura dinámica que está entre la nebulosa de nuestro pensamiento y la representación del mismo, entre la geometría (sistema) y la geografía (representación). De allí viene la idea de design, designo, diseño, dibujo, destino, entre el cuadro y la idea que tengo del cuadro, un guión entre la película y la idea que tengo de la película (de manera que el esbozo no es pintura, y ni el guión cine o literatura) en una especie de flujo continuo nunca de todo acabado. Por esto el hecho de estaren incompletas las otras dos pelis-ensayo de Pasolini, Apuntamientos para una Orestia africana y Apuntamientos para un filme sobre la India. Son filmes que están entre el film y el pensamiento, son películas sobre posibles películas nunca hechas. Un anuncio del post-cine como algo que es también pre-cine, o hasta entre-cine – de todas maneras “cine-pensamiento”.
Los filmes-ensayo son siempre estructuras dinámicas, hablas en un permanente movimiento de estructuración, entre la nebulosa del pensamiento y su exteriorización significante (nunca de todo nebulosos y nunca de todo significantes), tomadas constantes de consciencia con relación a la alienación del hombre con relación a las imágenes. En este sentido el cine-ensayo habla no apenas de la realidad a través de la misma, pero también de imágenes, criticándolas, a través de las mismas imágenes. Es un movimiento de autoconciencia.
La Rabbia no es solo actual, como está permanentemente en un curso de actualización, o sea, en un constante acto de presentificación. No representa un sentido producido, pero una producción de sentido a cada instante. La intriga que amarra la historia moderna en un sistema total no nace ya lista, pero se constituye mientras la película transcurre, sin nunca terminar de formarse. Lo que vemos es actual y lo que oímos es una voz virtual en proceso de actualización, una voz que crea las imágenes, el “montaje de los oídos a los ojos” (como dice Bazin), una voz demiúrgica que monta el film mientras él pasa en la pantalla.
“El acto de presentificación es una narración que hacemos de nuestra acción a nosotros mismos o a otras personas en el mismo momento en que la realizamos. Al hacerlo, nosotros nos despojamos de nuestro “yo”, y lo que sucede ya sucedió.” (Parente) Es como si el film fuera narrado por alguien que vive los acontecimientos desde arriba, desde una vida después de la muerte, produciendo un constante extrañamiento. El narrador está aquí y está más allá al mismo tiempo.
Y este ritual de pasaje que es el cine-ensayo, parece estar directamente relacionado con el hecho de que, en los años 60, se sentía más directamente la historia en vías de superación, la substitución de una linealidad por otra visión del proceso histórico – el belicismo imagético (sociedad de control) que substituía el belicismo armamentista (sociedad disciplinar).
Modernidad y arcaismo
El cine-ensayo posee una estrecha relación con la cuestión de la alienación y de la tomada de consciencia de las imágenes. La Rabbia, por lo tanto, relaciona industria estatal y bélica con industria cultural, dominación por la violencia y dominación por la cultura. De un lado el desarrollo de nuevas relaciones de producción. El operario cada vez más comprado por su patrón, cada vez más consumidor de los productos por él mismo producidos, cada día más burgués. Del otro, un discurso marxista que engole a si mismo, sin poder aceptar la posibilidad de un inconsciente. El capitalismo avanza, ¿pero la revolución tal como la piensan los marxistas, produciría un nuevo estado de las cosas? ¿O la Unión Soviética también desarrolló una sociedad bélica y estéril, una sociedad que intenta apagar las huellas de la lucha de clases?
“La desmitificación en el período contemporáneo tiene su propia y secreta “astucia de la historia”, su propia función interior y su misión oculta en la historia universal; a saber, destruir las sociedades tradicionales (no solamente la iglesia y las viejas aristocracias, sino, sobre todo, los campesinos y sus modos de producción agrícola, sus tierras comunales, sus pueblos) y dejar el globo bien barrido y limpio para las manipulaciones de las grandes transnacionales: para preparar un presente puramente fungible en el cual el espacio y las psiques puedan por igual ser procesados y rehechos a voluntad, con una “flexibilidad” que apenas estaría al alcance de la creatividad con que los ideólogos acuñan afanosamente nuevos y brillantes adjetivos con los que describir las potencialidades del “pos-fordismo”.” (Jameson)
Pasolini dice que Europa es cada vez más un continente sin pueblo y sin cultura popular, pues ya todos son de clase-media. Tratase del ultimo intelectual de una generación que se acaba, y que mira hacia la modernidad presente con los ojos del pasado – como él mismo dice en este poema, que tuvo un trozo leído por Orson Welles en La Ricotta, y que aquí transcribo en su forma completa:
Sólo una ruina y el sueño de un arco,
O de una bóveda romántica o romana,
En un prado donde un sol serpentea
Con el calor calmo de un mar,
Caída, sin amor, la ruina. Uso
Y liturgia, ya extintos totalmente
Perviven en su estilo – y en el sol –
Para quien sepa de su presencia y poesía.
Das dos pasos y estás en la Apia
O en la Tuscolana, allí todo es vida
Para todos. Un cómplice mejor
Por el contrario, de esa vida,
Es quien de estilo ni de historia sabe.
Se truecan sus sentidos en la sórdida paz,
Violencia o indiferencia. Miles,
Miles de personas, bufones
De una modernidad de fuego, en el sol
Cuyo significado está presente,
Oscuras se entrecruzan pululando
Por las veredas deslumbrantes, contra
Las casas INA y un fondo de cielo.
Soy una fuerza del Pasado.
Sólo en la tradición está mi amor.
Yo vengo de las ruinas, las iglesias,
Los retablos de altar, de las aldeas
Perdidas por los Apeninos o Pre-Alpes,
Donde vivieron los hermanos franciscanos.
Voy por la Tuscolana como un loco,
Como un perro sin dueño por la Apia.
O miro sobre Roma los crepúsculos,
Y las mañanas sobre la Ciociaria,
Sobre el mundo, como a estos actos
Primeros de la Post-historia, a los que asisto
Por privilegio de registro cívico,
Desde el límite extremo de uma edad
Sepulta. Es monstruoso haber nacido de las vísceras de una mujer muerta.
Yo, feto adulto, vago,
Más moderno que todos los modernos,
Buscando hermanos que no existen más. (Poesía in forma di rosa.)
Alfred Döblin dice, en Berlin Alexanderplatz, que las dos partes más importantes de nuestros cuerpos son los pies y los ojos. Los pies para que nosotros entremos en la realidad. Y los ojos para que la realidad entre en nosotros. Lo que pasa hoy en día es que, con toda la masiva sustitución del espacio concreto por el ciberespacio, parece que nuestros ojos substituyen nuestros pies. Así que ya no tenemos el mismo contacto con la tierra (un niño que nace de una madre muerta).
La modernidad, así como la muerte, nivela todas las cosas. Y Pasolini cree en la vida como poesía, en la poesía como eternidad sin función porque no pensada para el consumo. El poeta opone a la modernidad su poesía arcaizante, de la misma manera con la que opone a la televisión su cine de poesía. Mezclando el distanciamiento de la sociología con el calor de la política, Pasolini vivió entre varios tiempos y posibilidades, explotando y destruyendo fronteras, definiéndose como un adolescente, etapa determinada por una transición entre la infancia perdida y la austeridad adulta.
Este conflicto entre modernidad (muerte) y arcaísmo (vida) pode ser evidenciado también cuando analizamos la voz over presente en el film. Oímos dos voces: la de un periodista que narra los hechos (a través de una prosa acelerada) y la de un poeta que piensa al mismo que vive de manera sufrida y rebelde los hechos (a través de una poesía más pausada). La voz objetiva y factual (televisiva), la voz del padre, y la voz lírico-subjetiva, la voz de la madre (voz encarnada que llora la muerte de sus hijos que fueran a la guerra, voz del poeta que “llora un valle de lagrimas”). Las imágenes de madres que lloran, a través de una mirada melodramática (se suele decir que el melodrama siempre posee un punto de vista femenino, de proximidad y emotividad), quedan más potentes cuando sumadas a esta voz poética. La voz del padre, por otro lado, es distante, sociológica y no política, de manera que la voz objetiva, llamada “voz de Dios”, metamorfosease aquí en la voz de un periodista – la magia substituida parece haber sido sustituida por la técnica y por la velocidad televisiva. La verdad no viene del padre, pero de locutores de noticieros.
Sentimos en estas dos voces todo el conflicto entre modernidad y arcaísmo, así como en las músicas de la película, que hacen un contrapunto entre el Adagio de Albinoni y el Ragtime masivo. Entre el espectáculo profano y el arte sagrado.
Lírico y épico, primitivo y moderno, masculino y femenino, madre e hijo, juventud de una nueva era y caducidad de otro tiempo (el niño que nace ya viejo), campo y ciudad, burgués y operario, cine y literatura, omnisciencia y primera persona, subjetivismo y objetivismo, política y sociología, Pasolini une los opuestos a través de su método alegórico, un pensamiento inquieto y critico hecho cine, siempre cuestionándose acerca de la posibilidad de ser humanista cuando el humanismo ya está superado.
Porque no se trata de nostalgia, de una simple oposición entre arcaísmo y modernidad, pero principalmente de una yuxtaposición conflictiva de los dos, uno en el otro – como en las pelis del cineasta brasileño Osualdo Candeias: ni la ciudad y ni el campo, pero la orilla de la estrada, las sociedades que se suponen “en desarrollo”, como India, Brasil y parte de Italia, sociedades que viven la historia de manera alegórica, a través de un sol que nace y se pone al mismo tiempo. Pasolini es la orilla misma, frente a un abismo creado por un vacuo entre la modernidad lineal y la pos-modernidad numérica.
Parece que seguimos, desde la Segunda Guerra Mundial, un camino que nos lleva a un futuro primitivismo (como evidencia permanentemente La Rabbia), donde impera el vacío, el inconsciente de las masas, rituales de violencia y belleza ornamental. E como oposición a esto, el cine que piensa mientras habla (Tristan Tzara dice que “el pensamiento se hace en la boca”), el elogio de la palabra, del hombre como un ser comunicador y peleador a la vez, la sensibilidad que no soporta quedarse muda. La narrativa como una forma de explicar y dar sentido a las cosas. El inteligible surgiendo del accidental, dando un sentido a las contingencias y turbulencias del mundo moderno. La voz over que amarra. El cine-ensayo como un cine de la tomada de consciencia con relación al belicismo de las imágenes.
BIBLIOGRAFIA
BAZIN, André. Qu’est-ce que le cinema?. Paris: Éditions du cerf, 2007.
JAMESON, Fredric. Las semillas del tiempo. Madrid: Editorial Trotta, 2000.
MARINIELLO, Silvestra. Pier Paolo Pasolini. Madrid: Ediciones Cátedra, 1999.
MONTAIGNE. Les essais. Paris: Éditions Gallimard et Librairie Générale Française, 1965.
PASOLINI, Pier Paolo. Del diario (1945-47). Buenos Aires: Editorial Brujas, 1993.
PASOLINI, Pier Paolo. Palabra de corsario. Madrid: Circulo de Bellas Artes, 2005.
PARENTE, André. Narrativa e modernidade – Os cinemas não-narrativos do pós-guerra. Campinas (São Paulo): Papirus Editora, 2000.
WEINRICHTER, Antonio (Ed.). La forma que piensa – tentativas en torno al cine-ensayo. Navarra: Punto de vista, 2007.
WEINRICHTER, Antonio & ORTEGA, María Luisa (Ed.). Mystère Marker – Pasajes en la obra de Chris marker. Madrid: T&B Editores, 2006.